La defensa de las tradiciones y su compatibilidad con el medio ambiente fue ayer el argumento que más se escuchaba de las voces de los cerca de 400 paranyers que, procedentes de diferentes puntos de la Comunitat, pero también de Aragón y Cataluña, se congregaron en la plaza María Agustina de Castellón para hacer llegar su protesta a la sede del Gobierno en la provincia.
Una tradición que ha pasado de generación en generación y que se levanta ante el temor de ser aniquilada. «Yo llevo 40 años cazando y antes ya cazaban mi padre y mi abuelo», se lamentaba Francisco Reverter, llegado desde Alcanar para secundar las reivindicaciones de los valencianos. «Si aquí se consigue, en Tarragona también será más fácil», apuntó.